Con frecuencia me pregunto qué pasaría si todas esas personas que se están suicidando en la Europa meridional a causa de la crisis decidieran morir de una manera más funcional y manifiesta, como hizo Dimitri Christoulas en la plaza Sintagma, incluyendo la palabra kalashnikov en su calculada carta de despedida. Pero lo que más me pregunto es por qué no lo hacen, ya puestos a morir.
Tal vez sea porque significar es precisamente lo que nos aleja radicalmente de la muerte, el latido que nos mantiene en el lado del sentido, el lado en el que las cosas como leer, ver películas, escuchar música o tener un blog importan; mientras que cuando uno ya tiene la vista puesta en el lado de la muerte es porque nada importa, ni siquiera luchar.
Pero la deseperación por causas exógenas -como perder casa y trabajo- que conduce al suicidio como única salida, ¿no debería venir acompañada de grandes dosis de rabia y de un vengador deseo de justicia?

Escrito por caminosdispersos 






