Los amores de una rubia (1965) – Milos Forman

Andula, la muchacha rubia, se mira al espejo con un abrigo que le queda grande.  Parece feliz. El abrigo es de Milda, el joven pianista de una banda de Praga que la ha seducido hasta lograr acostarse con ella. Con unas cuantas mentiras tiernamente contadas y algún inofensivo juego de manos Milda consigue que ella, reacia desde el principio, pero no del todo blindada, vaya cediendo tímidamente hasta la entrega total.

Desconocemos si en el fondo ella también quería que ese encuentro sexual tuviera lugar, pues la única voluntad activa es la del muchacho. Lo que sí sabemos es que, como consecuencia del acto, Andula espera obtener otra cosa: una relación amorosa. Mientras ella se pone el abrigo que le queda grande, adelantando todo el amor que va a obtener, el dueño de la  prenda duerme como un niño tras haber saciado un hambre inmediata y sencilla, sin ninguna proyección futura.

Cuando Andula se planta con su maleta en la casa donde vive Milda con sus padres en Praga es tratada como un problema, como una buscona, como una mujer fácil y deshonrada de la que deshacerse. Su ingenuidad recibe una embestida importante. En adelante, probablemente aprenderá a usar el cálculo y a hacerse la difícil en ese peligroso juego. Milda es un muchacho  tierno y despreocupado. A él no le ha pasado nada más allá de la reprimenda de sus padres. Ninguna humillación, ningún malentendido. En su proceso de aprendizaje quizás recordará no dar su dirección a la próxima joven a la que se lleve al huerto.

Se podría pensar que lo que esta deliciosa muestra de cinema verité cuenta forma parte de un sistema de valores caduco y, sin duda, es cierto que mucho  ha cambiado en la raw sexes war desde entonces. Sin embargo,  tantas veces hemos asistido a la representación del acto sexual como un intercambio descompensado, donde uno gana y otro pierde, donde uno engaña y posee y otro es engañado y desposeído,  que se ha fosilizado como un relato mezquino  procesado -o enterrado- en alguna incómoda carpeta de nuestra educación sentimental.

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