Urbe interior

(Calle comercial. Mediodía africano.)

De pronto sentí un hastío infinito…
Parecía que de mi corazón iban saliendo calles,
calles rectas de una ciudad lenta y gris.
Sentí un rumor trepidante en el fondo del alma,
las calles tiraban de mi corazón.
Y esas voces de polvo, esas palpitaciones urbanas
de los hombres de hongo y de bastón,
removían acremente un pedazo de conciencia
que aún mantenía vivo el dolor.

Calle villana era mi vida inútil:
cuestas de piedras, yerba entre piedras,
como alegrías viejas…¡Un montón
de escombros en una encrucijada…!
(…)

Alonso QuesadaLos caminos dispersos, 1924.

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