Una mirada de Swann

La marquesa miró para atrás, dirigió una sonrisa a Swann, que se había levantado para saludarla, y le tendió la mano. Swann, casi sin dismulo, bien porque una vida ya avanzada le hubiera quitado la voluntad moral por desdén de la opinión o el poder físico por la exaltación del deseo y la debilitación de los resortes que ayudan a ocultarlo, en cuanto, al estrechar la mano de la marquesa, vio su  cuello muy de cerca  y desde arriba, hundió una mirada atenta, seria, absorta, casi asustada, en las profundidades del descote, y sus ventanas nasales, embriagadas con el perfume de la mujer, palpitaron como una mariposa que va a posarse en la flor entrevista. De repente, salió del vértigo que se había apoderado de él, y la misma madame de Surgis, aunque violenta, contuvo una respiración profunda, tan contagioso es a veces el deseo.

Marcel Proust,  En busca del tiempo perdido. Sodoma y Gomorra, 1919-1927.

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