Variaciones sobre la muerte

Se puede clasificar a los hombres siguiendo los criterios más caprichosos: según sus humores, sus inclinaciones, sus sueños o sus glándulas.  (…) Pero hay algo que viene de nosotros mismos, que es nosotros mismos, una realidad invisible, pero interiormente verificable, una presencia insólita y de siempre, que puede concebirse en todo instante y que no nos atrevemos jamás a admitir, (…): es la muerte el verdadero criterio…

El abismo de dos mundos incomunicables se abre entre el individuo que tiene el sentimiento de la muerte y el que no lo tiene; sin embargo, los dos mueren; pero uno ignora su muerte, el otro la sabe; el uno no muere más que un instante, el otro no cesa de morir… Su condición común les coloca precisamente en las antípodas el uno del otro; en los dos extremos y en el interior de una misma definición; inconciliables, sufren el mismo destino… El uno vive como si fuera eterno; el otro piensa continuamente en su eternidad y la niega en cada pensamiento.

E.M. Ciorán, Brevario de podredumbre, 1949. Trad. Fernando Savater.

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