El insoportable desnudo de Dorothy Vallens

En Terciopelo azul David Lynch nos presenta dos mundos claramente opuestos: por un lado el plácido, luminoso –y frágil- jardín en el que Sandy oye cantar a los ruiseñores amarillos y por otro, la violenta y dolorosa noche en la que vive Dorothy Vallens. Entre ambos transita Jeffrey.

Pero el ingenuo paraíso de Sandy no puede permanecer intacto: hay una brecha que se manifiesta en la escena en la que Dorothy Vallens sale a la calle desnuda -a su encuentro- en medio de la noche. El desnudo de Dorothy, a diferencia de la mayoría de los desnudos mostrados en el cine, no es prescindible ni tampoco erótico, sino violento y profundamente significativo.  Una mujer sale de su casa desnuda con el cuerpo ensangrentado y los brazos entreabiertos, avanzando lentamente bajo la conmoción de  siniestras heridas. Se trata de una imagen que nos incomoda y nos sacude, que se constituye como el momento en el que el mundo oscuro sale de sus viscosas interioridades y se filtra en el  soportable orden de la cotidianidad.

Jeffrey y Sandy se encuentran en la calle en lo que en principio se  presenta como una situación amenazante y peligrosa, acosados por el matón del instituto y su séquito; pero de pronto, lo aparentemente amenazante de ese teatrillo se disuelve y se vuelve insignificante en comparación con la irrupción de la íntima asimetría y el desvalimiento del desnudo de Dorothy, que en ese momento sale de su casa y avanza hacia ellos, imprimiendo en sus retinas la huella de esa imagen perteneciente al mundo de lo no codificado, de lo intolerable,  que terminarán por suprimir para volver a integrarse en el orden cotidiano.

En El acoso de las fantasías, Slavoj Žižek -en su habitual lectura lacaniana-, señala que el cuerpo desnudo de Dorothy se aproxima a Jeffrey como “un cuerpo perteneciente a otro mundo oscuro e infernal” que se introduce bruscamente en la normalidad de la cotidianidad y causa un desgarro en el tejido de la realidad. Se trata del desgarro del orden simbólico en el que se codifica la vida en el necesario olvido del horror, se trata de la rotura del disfraz con el que cubrimos “el cuerpo desollado, la palpitación de la carne roja, viva y sin piel.” De este modo, aunque la relación con nuestro cuerpo externo, incluso con el desnudo, esté plenamente codificada en el orden simbólico, el desnudo de Dorothy Vallens es un heraldo de lo Real lacaniano, “como un pulpo varado, …un cuerpo herido expuesto cuya presencia material ejerce una presencia casi intolerable sobre nosotros.”

2 respuestas a El insoportable desnudo de Dorothy Vallens

  1. Dr Zaius dice:

    She’s got corpses in her mouth
    Still she’s holding hands with you
    It’s cut like crystal chandeliers
    I’ll shine like diamonds in her ears

  2. Mother Superior dice:

    She’s not a girl who misses much
    Do do do do do do, oh yeah
    She’s well acquainted with the touch of the velvet hand
    Like a lizard on a window pane

    The man in the crowd with the multicoloured mirrors
    On his hobnail boots
    Lying with his eyes while his hands are busy
    Working overtime
    A soap impression of his wife which he ate
    And donated to the National Trust

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