El violín

Siempre que entra luego en la habitación de los zapatos entra en el pensamiento del suicidio. La habitación de los zapatos está llena de centenares de zapatos empapados en sudor de los alumnos, en estantes de madera carcomida, y sólo tiene como ventana una abertura hecha en el muro, muy cerca del techo, por la que, sin embargo, sólo penetra el aire viciado de la cocina. En la habitación de los zapatos está solo consigo mismo y solo con sus pensamientos de suicidio, que comienzan al mismo tiempo que sus ejercicios de violín.

Así, el entrar en la habitación de los zapatos, que es, sin duda alguna, el cuarto más horrible de todo el internado, es para él un refugiarse en sí mismo, con la excusa de practicar el violín, y practica el violín con tanta fuerza en la habitación de los zapatos que, durante los ejercicios de violín en la habitación de los zapatos, teme ininterrumpidamente que la habitación de los zapatos explote en cualquier momento, en medio de sus ejercicios de violín, que le resultan fáciles y realiza de la forma más virtuosa, aunque no más exacta, se entrega totalmente a sus pensamientos de suicidio, en los que se había adiestrado ya antes de entrar en el internado, porque al convivir con su abuelo durante toda su infancia anterior, pasó por la escuela de la especulación con el suicidio.

Thomas Bernhard, El origen, 1975. Trad. Miguel Sáenz.

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