Genealogía del mal (II): Lilith

Princesa de los súcubos, posteriormente asimilada por la demonología hebraica, Lilith personifica todos los males tradicionalmente temidos  en una mujer: reivindica su placer sexual, abandona a su pareja, es promiscua y agresiva, no tiene instinto maternal, no es tierna ni conciliadora. La hermenéutica talmúdica transforma a la diablesa Lilith en la primera mujer  edénica. Ésta, al no  querer realizar el acto sexual yaciendo debajo de Adán,  lo abandonó para unirse a un terrible demonio con el que tuvo una gran descendencia diabólica.

En la pintura de los siglos XV y XVI a menudo la encontramos sustituyendo a Satán bajo el árbol del Bien y del Mal, con la mitad inferior del cuerpo  en forma de serpiente.  Así aparecen en la misma imagen  Lilith y  Eva, dos gradaciones  de todo el Mal posible e imaginable. En otras representaciones la vemos como una figura femenina alada o con una larga y hermosa cabellera.

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