Dos epifanías rohmerianas

AZUL O VERDE

“Dices que amas el silencio, pero no paras de hablar.”  Reinette

Uno de los elementos más distintivos de las historias de Eric Rohmer es la manera en la que sus personajes establecen las relaciones más íntimas y profundas de la noche a la mañana, después de haberse conocido de un modo casual. En la jungla rohmeriana de vicisitudes pequeño-burguesas es normal que una mujer adulta se traslade a vivir con una adolescente a la que ha conocido la noche anterior en una fiesta, que dos extrañas que se encuentran en un camino del campo por una bicicleta rota pasen la noche juntas y se levanten a contemplar el amanecer o que un hombre y una mujer casi desconocidos reciban con gran emoción la señal  del advenimiento del amor verdadero.

En el año 1986, recurriendo a este modelo de relaciones humanas, Rohmer nos brinda dos epifanías entre extraños, que, al margen de su verosimilitud, brillan por su rareza y profundidad: la experiencia de la calma absoluta de “la hora azul” en Las cuatro aventuras de Reinette y Mirabelle y la experiencia del amor verdadero de El rayo verde.

La hora azul, tal como la describe Mirabelle, acontece en la aurora incipiente, en el momento en el que los pájaros nocturnos comienzan a dormir y los diurnos aún no han despertado. Se trata de una brecha de silencio absoluto, de un instante único en el que todo se detiene, que sólo se puede experimentar en la naturaleza, lejos del mundanal ruido. Este amanecer tiene lugar en la primera de Las cuatro aventuras de Reinette y Mirabelle. La pintora Mirabelle vive salvajemente en el campo y se empeña en explicarle y enseñarle la hora azul a la recién conocida y parisina Reinette. Las otras tres aventuras relatan la convivencia de las dos jóvenes en París, donde el paraíso perdido del amanecer en calma ha sido sustituido por situaciones absurdas llenas de palabras, egocentrismo e incomunicación. Sin embargo, la urbanita Reinette, libre de pretensiones, ha quedado marcada por la experiencia del baptismal silencio y lo ha incorporado a su vida, mientras que la aparentemente salvaje y mística Mirabelle, convencida de estar en posesión de la verdad del arte y del silencio, en realidad vive perdida en un espejismo ego-parlante.

El rayo verde es un fenómeno óptico que se manifiesta en la hora mágica del atardecer, en la aparición de una fina línea de luz verde que refulge en raras ocasiones en los últimos momentos de la puesta de sol sobre la superficie del mar. Asistir a este milagro con la compañía adecuada equivale a la comprensión del amor verdadero. Delphine se encuentra sola y deprimida con un inesperado cambio de planes en el umbral de sus vacaciones. Mientras lamenta desencuentros, no consigue hallarse a sí misma en su incómoda soledad. El contacto con los demás la confronta con sus excentricidades y la lleva continuamente al llanto. Entonces, en medio de un azaroso y solitario periplo hacia la costa, conoce a un joven junto al que consigue ver el rayo verde y atisbar por fin la experiencia del amor verdadero. El joven es un perfecto desconocido, con lo que no podemos imaginar si por fin se acabarán las penas de la infeliz Delphine, a la que, dada su angustiosa deriva existencial, le habría venido mejor pasar por la transformadora experiencia de la hora azul antes que por el caprichoso fenómeno óptico del rayo verde.

Lo interesante es que hay una diferencia fundamental entre ambas vivencias. Por un lado, la experiencia de la hora azul no es una cuestión de suerte o azar, sino que  representa un modo de vida consciente que  se puede practicar regularmente si se busca la disciplina solitaria previa al amanecer agreste. Sin embargo, por otro lado, la experiencia del rayo verde  simboliza un estar a merced de lo que no emana de uno mismo, en este caso de un efecto óptico que, como el amor verdadero, se produce de manera azarosa y extraordinaria. Así, Reinette, el personaje que verdaderamente se ha impregnado del silencio azul -y que no necesita hablar de ello-, se encuentra en las antípodas de la frágil Delphine, que, aunque haya visto el rayo verde junto al que imagina que es el hombre de sus sueños, no ha vivido un sólo momento de  placidez en soledad, sino que ha estado atrapada en una desesperada huída de sí misma.

Los personajes rohmerianos son criaturas altamente pensantes y parlantes, que, enfrascados en círculos viciosos, a menudo filosofan sobre cuestiones morales y epistemológicas mientras se debaten en intrascendentes conflictos vitales pequeño burgueses (rupturas, infidelidades, tentaciones inadecuadas, crisis identitarias, búsquedas…). Sus preocupaciones y problemas trasmiten un desasosiego tan  sofisticado, que a veces puede resultar indecente. Por eso, estas dos epifanías refulgen especialmente en su filmografía, a pesar de que, aun en las propias películas en las que aparecen, no sean más que dos oasis de calma  cercados por palabras y palabras.

Anuncios

Una respuesta a Dos epifanías rohmerianas

  1. Dreamin' Man dice:

    I waited for you, Winterlong
    You seem to be where I belong.
    It’s all illusion anyway.

    If things should ever turn out wrong
    And all the love we have is gone,
    It won’t be easy on that day.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: