Lo que es el olvido del ser

Heidegger en su Carta sobre el humanismo (1946): “el lenguaje es la casa del ser”.

Si tomamos esta indispensable máxima en serio, llegaremos a la conclusión de que ese ser al que se refiere H. no está; ha sido no ya olvidado como él sostiene, sino desahuciado. Para el filósofo el olvido del ser se remonta a los orígenes de la filosofía, cuando el lenguaje perdió su carácter primigenio y se  ancló en los vicios procedimentales de un pensar técnico, sujeto a la lógica y  a la gramática occidentales. Desde luego que la vertiginosa profundidad heideggeriana no está haciendo referencia a la corrección lingüística, sino a una inocencia perdida del nombrar, que inspirara al poeta a soñar que su  palabra fuera “la cosa misma”. Pero si desde Platón y Aristóteles hemos abandonado la morada del ser, entonces hoy en día, trivializando a Heidegger, podemos decir que el ser sufre enfermedades terminales varias.

Una de ellas es la que podríamos llamar “loqueísmo”. Se trata de un giro vicioso que usan algunas personas -siempre desde alguna atalaya más o menos subjetiva- cuando hablan queriendo aparentar que dominan un lenguaje específico  que en realidad es fantasmal, con lo cual envuelven al oyente -y andan envueltos ellos mismos- en una espesa bruma sintáctica. Consiste en dibujar un bucle con el verbo ontológico por excelencia, pórtico de todas las esencias: el verbo ser. Lo que es el piso de abajo, lo que son las habitaciones, lo que es la fachada, lo que es el tejado, lo que son las puertas, lo que son las ventanas o lo que es la casa… todo ello da forma fonética y sintáctica al olvido del ser en un acto de no-substancia puro.

4 respuestas a Lo que es el olvido del ser

  1. ¡Bravo! Si me lo prestaras empezaría un artículo aburridísimo, pero ya lo dices tú todo, y muy bien (también detesto -por usar un verbo “muy tuyo”-ese nuevo sustituto del seco y real artículo determinado), he pensado bastante en ello… ¡Gran post! Y, sí lo peor es la forma fonética y su fanfarria.
    Besos

  2. ¡Muchas gracias! Pensé, si K.W. lee esto seguro que hará un comentario. Cada día tengo la sensibilidad más a flor de piel con lo grotesco-pretencioso. El post se me ocurrió en el acto de inauguración de unas jornadas, en el que una catedrática en alguna rama de la psicología comenzó a “loquear”. Me puse de tan mal humor.

    Besos

  3. Poparruchas dice:

    Me gusta mucho lo que es este post porque creo que lo que es la autora tiene lo que es toda la razón.

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