Confesiones (h. 400)

Ludwig Wittgenstein abre sus Philosophische Untersuchungen con una cita del Libro I , capítulo 8 de las Confesiones de Agustín de Hipona (354-430):

Cuando ellos (mis mayores) nombraban alguna cosa y se movían hacia ella, yo percibía esto y comprendía que la cosa se llamaba como el sonido que ellos pronunciaban cuando se referían a ella. Lo que ellos querían me lo comunicaban con sus movimientos corporales, la lengua natural de todos los pueblos: la expresión de la cara, el juego de la mirada, los movimientos de otras partes del cuerpo y el tono de la voz, indicativos de nuestro estado de ánimo al buscar, tener, rechazar o evitar algo. Así fui aprendiendo poco a poco qué cosas son significadas por las palabras que oía repetidas veces usadas en el lugar adecuado en oraciones varias. Y después de acostumbrar mi boca a formar estos signos, los usé para expresar mis propios deseos.

Se trata de una ingenua reconstrucción del proceso de la adquisición del lenguaje. Lo que debería presentarse como hipótesis se presenta con la forma de un recuerdo, lo cual es absolutamente ficticio, pues la memoria de lo prelingüístico está constituída sólo por imágenes y sensaciones.

Wittgenstein lo tilda de simplista con una de sus prosaicas comparaciones (“describe usted las reglas de los juegos de mesa como si se estuviera refiriendo a todos los juegos”). Sin duda es extremadamente simplista, reduce la compleja y misteriosa facultad del lenguaje a la externalidad de  una deíxis nomencladora. ¿Qué señalamos cuando subordinamos? ¿Algún pliegue de nuestro espíritu? ¿Cómo aprendemos a subordinar?

Las Confesiones constituyen un tratado cognitivo (con mucha reflexión  poética y poca ciencia) poblado de maravillosas metáforas sobre los sentidos, la memoria y la percepción del mundo. Es a la vez una autobiografía interiorista marcada por la autocrítica y una investigación genealógica sobre el proceso de búsqueda que lleva a un individuo inteligente, cultivado y libertino desde el conocimiento y la experiencia hasta la  fe.

3 respuestas a Confesiones (h. 400)

  1. No aprendemos… ¡sabemos! En este aspecto soy bastante chomskyano.
    Buena semana.

    • Desde luego, de ahí los chistes de que el chino tiene que ser fácil, porque hasta los niños lo saben… Yo también soy cada vez más chomskiana: venimos con los módulos preparados, sólo hace falta activarlos. Pero me hace mucha gracia que san Agustín reduzca el lenguaje a la deíxis y pensé que entonces incluso la subordinación podría ser deíctica de solapamientos y enrevesamientos espirituales…

      Buena semana también.

  2. Melibeo soy dice:

    I am just a poor boy though my story’s seldom told
    I have squandered my resistance
    for a pocketful of mumbles, Such are promises,
    all lies and jest,
    Still a man hears what he wants to hear
    And disregards the rest, hmmmm

    […]

    Asking only workman’s wages, I come lookin’ for a job,
    But I get no offers,
    Just a come-on from the whores on 7th Avenue.
    I do declare, there were times when I was so lonesome
    I took some comfort there.

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