Amor en fuga (II)

Agotadas sus fuerzas ella palideció y, vencida por el esfuerzo de la rápida huida, dice, contemplando las aguas del Peneo: “¡Ayúdame, padre”, exclama,”si los ríos tenéis poder divino!¡Haz desaparecer con un cambio esta figura, con la que he gustado en demasía!”

Apenas acabado el ruego, un pesado entorpecimiento se adueñó de sus miembros: su blando pecho es rodeado de fina corteza, sus cabellos crecen como hojas, sus brazos como ramas; su pie, hace poco tan veloz, se queda fijo con lentas raíces, el lugar de su rostro lo tiene la copa: solamente en ella permanece  su belleza.

Ovidio, Metamorfosis, “Dafne”, I, 546-553.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: