Nunquam non numqua

El Appendix Probi es un palimpsesto que documenta el seísmo lingüístico en tránsito  del latín clásico al latín vulgar, cuyos varios dialectos  darán lugar a las lenguas románicas.  Se trata de un listado de  227 “errores” corregidos del latín vulgar en un inútil intento de conservación de la norma culta del latín clásico. Lo curioso es que este esfuerzo por fijar y conservar ha quedado, irónicamente, como evidencia del cambio que pretendía evitar.  Este apéndice ilustra las paradojas de las perspectivas temporales:  lo que en un momento dado se  registra y se combate como error no es más que un eslabón del cambio, el latido de una mutación histórica.

Recordemos la diáfana dicotomía saussureana “sincronía/diacronía”,  de tan imborrable impronta una vez que se mece en nuestro intelecto. La sincronía es la perspectiva que contempla el fenómeno cultural o lingüístico  en un momento concreto del tiempo (el latín vulgar hablado en el siglo IV, confrontado con una norma culta ya insostenible), mientras que la diacronía es la perspectiva que contempla la  sucesión de los hechos a través del tiempo (la fragmentación del latín que da lugar a las lenguas romance). El Appendix Probi captura, como en una instantánea, la encrucijada en la que esta dicotomía se desvanece en el incesante columpio del tiempo: el instante de una sincronía que se sabe asediada por el cambio.

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