El monstruo

Desde luego no es fácil aceptar la realidad del monstruo amable puesto que en primer lugar no hay allí ningún monstruo, qué va a haber un monstruo allí donde el jefe y los compañeros de oficina lo reciben con abrazos y cada uno le cuenta las novedades y le ofrece cigarrillos. La presencia del monstruo es otra cosa, algo que se impone como en diagonal o desde el reverso de lo que va sucediendo ese día y los siguientes, y él tiene que admitirlo aunque nadie lo haya visto nunca porque precisamente ese monstruo es un monstruo en cuanto no es, en cuanto está ahí como una nada viva, una especie de vacío que abarca y posee y escuchá lo que me pasó anoche, López, resulta que mi señora. Es así como casi en seguida se sabe del monstruo porque es increíble, pibe, prometieron un reajuste para febrero y ahora vas a ver lo que pasa, resulta que el Ministro.

Si hubiera que demarcarlo, irle echando un talco de palabras para discernir su forma y sus límites, a lo mejor entrarían cosas como la pipa de Suárez, la tos que cada tantos minutos sale del despacho de la señora Schmidt, el perfume alimonado de miss Roberts, los chistes de Toguini (¿te conté el del japonés?), esa manera de subrayar las frases con golpecitos del lápiz sobre la mesa que da a la prosa del doctor Uriarte una calidad de sopa batida con metrónomo. Y también la luz despojada de árboles y nubes que arrastra un plumaje mutilado por los cristales polaroid de las ventanas, el carrito de café y las medialunas a las diez y cuarenta, el ceniciento fluir de las carpetas de expedientes. Nada de eso es realmente el monstruo, o sí, pero como una manifestación insignificante de su presencia, como las huellas de sus patas o sus excrementos o un bramido lejano.

Julio Cortázar, “Tema para san Jorge”, La vuelta al día en ochenta mundos, 1967.

3 respuestas a El monstruo

  1. Madame B dice:

    Lo conozco. He visto sus fauces. Difícil olvidar su mirada quieta y sin parpadeo. Y el hedor, eso es lo peor.

    • Una relación con el monstruo bastante más directa que la que describe Cortázar.
      Hay quien lo ve siempre al despertar después de las largas e inadecuadas siestas.
      Gracias por su comentario, Madame B.

  2. Invade tus lugares más comunes, los mas cómodos siempre…

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