Sandro Botticelli: Madonna del Magnificat

En la escena representada en este tondo todos están deliciosamente poseídos por la plenitud  del círculo. Sus cabezas y sus cuerpos parecen estar flotando graciosamente en el éter o apenas apoyados en las curvas de la invisible música del aire. La Virgen moja la pluma para continuar la escritura del salmo del Magnificat; el Niño, iluminado sobre su regazo, parece guiar su mano e inspirarla con el tacto; dos ángeles la coronan cuidadosamente entre telas que ondean transparentes; otro ángel le sujeta el tintero y la mira atentamente, otro sostiene el libro distraído; el quinto ángel se reclina cariñosamente  sobre estos dos últimos, la cabeza apoyada sobre uno, el brazo sobre el otro. El círculo se  reconcentra en la granada que sostiene en la mano izquierda el Niño, símbolo de la vida eterna. Y detrás de todos ellos, el río avanza en un suave serpenteo hacia el punto central del cuadro.

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