Cabra

Si hubiera que darle una forma a la nostalgia en el fantástico universo de Marc Chagall, esta sería una cabra. En sus numerosas apariciones en la imaginería chagalliana, la cabra es la encarnación del recuerdo primigenio, un recuerdo persistente, como una mirada fija.

En los episodios de felicidad, a menudo se cuela como una presencia mágica y lateral:

Pero también como un llamado desde ese paraíso perdido imposible de olvidar, que hace que toda postal de realización personal resulte incompleta sin su aparición:

Otras veces la cabra es el sujeto pensante que sobrevive a la deconstrucción de la figuración:

El símbolo suplanta a la figura humana y ocupa el espacio del sujeto en el episodio representado. En esta postal marital, la cabra no es la figura en lontananza que acecha a la psique del pintor, tributo pagado a la representación de la felicidad, sino que esta vez invade  e imposibilita la identificación del pintor con su propia imagen.

En “Pareja con cabra”, sin embargo, parece cristalizarse la radical integración de los sueños y las añoranzas en la domesticidad de la vida cotidiana. La cabra ya no es una aparición mágica que se cuela en las visiones de felicidad. La cabra es una mascota doméstica tan real  como el peine o la lámpara de encima de la mesa. La cabra no se deja nunca atrás.

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