James Castle (1899-1977)

En el seno de mucha discusión sobre el arte moderno, hilando tanta idea fragmentaria, habiendo rozado en ocasiones la intolerancia ante determinado tipo de manifestaciones artísticas (o más bien ante cierto modus operandi) que aumentan la confusión de mi ánimo sobre un fenómeno tan escurridizo y complejo -como a veces aterradoramente simple y falsario-, este verano tuve la suerte de ver en el Reina Sofía una preciosa retrospectiva de unas 500 piezas (seleccionadas de una ingente obra de más de doscientas mil) de James Castle, titulada  “James Castle. Mostrar y almacenar”.

Hay un cuidado muy conmovedor en la obra de este ser silencioso y aislado, analfabeto creador de libros, sordo que rechazó el lenguaje como medio de comunicación y vivió dedicado a su arte.

(Caracteres trazados desde la extrañeza del que no los lee sino que los ve. Algunos inventados.)

(El techo es un hoja de rayas. Parece un empapelado.)

La representación de su propia obra es una constante en sus dibujos. Aunque estaba fuera del sistema del arte contemporáneo, tenía conciencia de artista y organizaba sus exposiciones en el granero.

Luego dibujaba el interior del granero con los cuadros expuestos. Curioso proceso que aglutina el sistema del arte en una sola persona: dibuja, expone y reproduce todo por y para sí mismo.

La obra de James Castle me parece un ejercicio de supervivencia y de resistencia contra sus circunstancias. Su constante hacer dignifica y actualiza la labor del artista enfrascado en el taller de su mundo interior, sin comunicación verbal con el exterior, creando con sus manos y sus ojos, reutilizando materiales como viejos envoltorios de cartón, cajas de fósforos, sobres usados, hojas de periódicos, panfletos de cuyos textos se apropia y hollín mezclado con saliva, con los que crea un arte bruto del detalle y del silencio, un arte que forma un sistema en y por sí mismo, cuyas particularidades lo convierten en el más extraño artista conceptual:  aquel que no ha leído ni escuchado una sola palabra sobre el arte conceptual.

Sus obras no tienen título ni fecha. Sin embargo las guardaba con gran cuidado. Clasificaba y ordenaba sus dibujos por formas y tamaños,  luego se esmeraba en empaquetarlos cuidadosamente en envoltorios de tela y los ataba.

(Fuente: entrevista a Lynne Cooke sobre James Castle. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía.)

4 respuestas a James Castle (1899-1977)

  1. francesca dice:

    Es sorprendente pensar en el aislamiento de la sordera sumado al de un medio rural, la falta de influencias y “contaminación” en su obra me hace cuestionarme muchas cosas.
    Simplemente hacer algo sin más pretensiones que el placer de hacerlo basta, sin más expectativas que la libertad del anonimato.
    Saludos

    • Totalmente de acuerdo. Para mí, todo eso conecta con lo más esencial del arte. Todo lo demás son los accesorios del sistema. El problema es que actualmente los accesorios parecen ser más importantes que la obra, que la vocación, que la necesidad, que la supervivencia, que la resistencia…

  2. Sergei Murasaki dice:

    Estupenda presentación de este desconocido y autónomo outsider del Arte.

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