Mnemagogos

Abrió el armario. Aparecieron unos cincuenta tarritos con tapón esmerilado y numerados.

-Por favor, escoja uno.

Morandi lo miraba perplejo. Alargó una mano vacilante y eligió un tarro.

-Abra y huela. ¿Qué es lo que siente?

Morandi inspiró profundamente varias veces, primero con los ojos fijos en Montesanto y luego levantando la cabeza, en la actitud de quien interroga a su memoria.

-Yo diría que este es un olor a cuartel.

Montesanto lo olió a su vez.

-No exactamente -contestó-. O por lo menos no es eso para mí. Es un olor a aulas de la escuela primaria; mejor dicho, a mi aula de mi escuela primaria. No insistiré en su composición; contiene ácidos grasos volátiles y un andar de puntillas insaciable. Comprendo que para usted no signifique nada; para mí es mi infancia.

Primo Levi, “Los mnemagogos”, Cuentos completos, trad. M. Ubach.

Anuncios

2 respuestas a Mnemagogos

  1. francesca dice:

    El olor de una cama todavía caliente donde has dormido, el olor a mar en la piel en un dia de verano, el olor del aire frio pegado a la ropa que traes de la calle… Tantos olores anclados a un recuerdo! podríamos llenar armarios.
    Un saludo

  2. Y a hierba mojada…Desde luego, son muchos, el olfato es uno de los grandes depositarios de la memoria. Gracias por la visita y el comentario.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: