Blogito, ergo sum (y de mi blog un sayo)

Hablaba -discutía, me acaloraba- el otro día con alguien sobre el código deontológico del escritor -espigador- de un blog. Yo decía que yo de mi  blog hago un sayo y que por eso precisamente me gusta tener uno, y que si yo quiero revisar mis archivos y borrar una frase que escribí hace tres meses y poner otra en su lugar (siempre y cuando no suponga una falsasión interesada y sesgada de algún hecho) pues lo haré sin pestañear. Mi interlocutor, que tiene una fijación con la permanencia temporal de cada acción, en militante negación de la insignificancia de las empresas humanas, aun a sabiendas de que el sol consumirá todo su hidrógeno y entonces ubi sunt Homero y los blogs, sostenía que eso era una tomadura de pelo y que cada vez que algo se publica eso ya no le pertenece al autor, por lo que tiene que haber unas reglas y desde luego no se pueden hacer reediciones sin dejar constancia de ello.

-¡Dejar constancia a quién y para qué? -clamaba yo- a mí me dan igual los hipotéticos-hipócritas lectores. No es hacer trampa, se trata de un formato que permite el borrado instantáneo sin dejar huella alguna. Es un todo orgánico y mutante que puede desaparecer por completo -también sin dejar constancia- en un segundo!

Yo le reprochaba así que él estaba hablando desde el paradigma de la cultura de la materialidad de la letra impresa y le recordé la máxima macluhaniana “el medio es el mensaje” y argumenté que un medio-formato en el que es posible borrarlo todo haciendo un simple click; cortar, pegar, enlazar y desenlazar o enviar a cualquier lugar del planeta en un segundo, se ve afectado necesariamente por estas potencialidades. Es imposible que esa inmaterialidad no altere los usos y los códigos éticos.

Cuando le dije que hoy “todo lo sólido se desvanece en el aire” me acusó airadamene de estar mezclando paradigmas.

-¿Y tú cómo sabes que no hay alguien que esté guardando materialmente todo lo que publicas?-me preguntó.

La discusión se quedó en tablas y terminó -como suele suceder- con un “es que tú eres postmoderna, mientras que yo sigo siendo moderno.”

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Me dio que pensar y que dudar y es por eso que dejo aquí etérea y frágil constancia (en este pie de página que ni es pie ni es página) de la mayor inconstancia, inconsistencia, insignificacia de estos vagni disegni por caminos dispersos que no son más que una vana proyección de mi inconstancia, inconsistencia e insignificacia, lo cual no hago sino traicionar  con estas bastardas preocupaciones.

4 respuestas a Blogito, ergo sum (y de mi blog un sayo)

  1. F dice:

    Constato que en la conversación ‘lució por su ausencia’ la palabra (si ambigua, si abierta, si libre) poesía, y que, si me permite, la sinceridad, que no seducción, con materialidad o sin ella, recorre este blog, eso sí : según qué mirar. Como en ese relato donde los habitantes de una población olvidan la palabra amor, y se enredan en una progresión hacia el absurdo, hacia el nihilismo, por un simple (pero muy traicionero) olvido…

  2. francesca dice:

    Y tanto que se desvanece, a veces asusta la inconsistencia de todo soporte digital, un simple click y no queda constancia de nada.Precisamente esa futilidad nos permite toda la libertad de equivocarnos, hemos perdido el miedo al error porque con un simple “control z” lo cambiamos.

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