Vigilancias infinitesimales


El sexo es, a la vez, acceso a la vida del cuerpo y a la vida de la especie. (…) Por ello, en el siglo XIX, la sexualidad es perseguida hasta en el más ínfimo detalle de las existencias; es acorralada en las conductas, perseguida en los sueños, se la sospecha en las menores locuras, se la persigue hasta los primeros años de la infancia; pasa a ser clave de la individualidad, y a la vez permite analizarla y resulta posible amaestrarla. Pero también se convierte en tema de operaciones políticas, de intervenciones económicas (mediante incitaciones o frenos a la procreación), de campañas ideológicas de moralización o de responsabilización: se la convierte en índice de fuerza de una sociedad, revelando así tanto su energía política como su vigor biológico. (…)

De ahí la importancia de las cuatro grandes líneas de ataque a lo largo de las cuales avanzó la política del sexo desde hace dos siglos. (…): la sexualización del niño (…), la histerización de las mujeres, (…), el control de los nacimientos y la psiquiatrización de las perversiones(…).

Michel Foucault, Historia de la sexualidad. Vol. 1: La voluntad de saber, París, 1976.

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