De la intolerable gratuidad del juicio

Leora Laor, Borderland #1006, 2007 - 2012

En su Historia del Arte, Ernst H. Gombrich critica el subjetivismo en el juicio sobre el arte, el que conduce a despreciar o apreciar las obras sin otro criterio que los gustos personales. Nuestras relaciones con los colores, las formas, los sonidos, los motivos e incluso los conceptos están impregnadas por nuestra experiencia. Admitámoslo: nuestro odio visceral hacia esa tonalidad del amarillo se debe a aquel sofá bajo aquella luz de aquel odioso cuarto de estar, en aquella prehistoria salvaje sin defensas que fue la infancia, sin nociones de ética ni estética. Oh experiencia primera, cantera en la que se forjan los imaginarios en un proteico cruce entre arbitrariedad y necesidad. ¿Dónde dejar todo eso cuando lo que está en juego no tiene nada que ver con nosotros?

Más allá de los juicios sobre el arte, se trata de un fenómeno psicológico general, el de la proyección, que consiste en interpretar las motivaciones ajenas como si fueran propias y atribuir o presuponer cualidades, vicios, virtudes, tendencias y deseos de nuestra propia cantera a diestro y siniestro.

Cuando se trata de andar por ahí en plan qualunque, cada cual lo hará como quiera o como pueda: escuchará cinco veces la misma canción en lugar de oír el disco entero porque le aporta ese je ne sais quoi que se le escapa, mirará a diario esa imagen porque le resulta familiar, rechazará rotundamente determinadas formas geométricas y se aferrará tranquilamente a determinadas narrativas… Cada uno aspirará al desarrollo y al crecimiento que le sea dado: tal vez consiga dejar de proyectar y emprenda el desconcertante viaje de ver LO OTRO mayúsculamente, en toda su otredad, sin la rancia plantilla de su cansina mismeidad.

Pero el crítico no tiene estas opciones y no puede jugar al qualunquismo. El crítico no puede ir por ahí emitiendo juicios sobre lo que le aburre o lo que le emociona, asolando festivales de cine independiente o vernissages, sin un asomo de análisis intelectual del objeto que contempla, sin ejercer con responsabilidad su tarea, que es valorar y explicar las obras en sí mismas y en su contexto para un público que, en muchas ocasiones, debe ser orientado y educado y que no necesita herencias de fobias ni filias de canteras ajenas, porque ya tiene la condena de las suyas propias y desea que alguien le muestre el camino hacia otras formas de ver.

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