Medianías

Existe una forma de aprender torrencial, sin otro método que la inmersión en el torrente mismo. Es una experiencia inolvidable, como aprender a nadar en medio del océano o empezar a traducir Ab urbe condita sin tener clara la sintaxis latina, sin siquiera haber memorizado las declinaciones y con alguien a tu lado que sueña en latín y te dice, con toda naturalidad, “venga, empieza, traduce”.

Thomas Mann hace apología de estos métodos en Doktor Faustus, Vida del compositor Adrien Leverkühn narrada por un amigo. El narrador, Serenus Zeitblom, recuerda las conferencias musicales de Wendell Kretzschmar a las que asistía con Adrien Leverkühn cuando aún eran niños. Relata que se sentían a menudo confundidos porque no eran capaces de entender todo lo que allí se decía:

… todo ello tenía para nosotros algo de quimérico, pero lo escuchábamos con gusto y boquiabiertos, como los niños gustan de prestar oído a lo incomprensible y a lo inaccesible, con mayor gusto, en realidad que si se tratara de cosas próximas, correctas y normales. Muchos se resistirán a creerlo, pero ésta es la forma más intensa, la forma superior y quizá la más fructífera de la enseñanza. La enseñanza anticipativa, pasando por encima de vastas zonas de ignorancia. Mi experiencia pedagógica me dice que este  es el método que la juventud prefiere y, por otra parte, el espacio que deja uno vacío tras de sí, se llena por sí mismo con el tiempo.

Cualquier profesor que intentara recuperar algo así hoy sería crucificado. Los modernos sistemas educativos evitan a toda costa poner a sus aprendices ante estas empresas titánicas porque resulta que esos océanos que anegan “vastas zonas de ignorancia” también generan un alto número de náufragos y ahogados de los que nunca se hablaba entonces, pero que actualmente ocupan el lugar de la saludable medianía en las estadísticas, de la saludable medianía en todas partes.

2 respuestas a Medianías

  1. francesca dice:

    Recuerdo la “dorada medianía” de fray Luis de León donde es difícil destacar, pero donde es confortable habitar. Aprender experimentando e improvisando es la forma más creativa,realmente una “gozada”.
    Un saludo

  2. Sí, solo que el “aurea mediocritas” clásico era más bien una medianía material-económica-política, un vivir sin complicarse la vida ni estar en el epicentro de la vida pública. La medianía intelectual-cultural actual a la que yo me refiero no es muy dorada que digamos. Sin duda, ya no hay una mayoría de población analfabeta como en el siglo XVI, pero con nuestra democratización, la universidad, por ejemplo, ha pagado un alto precio: se puede acceder a ella -y salir airoso- sin saber subordinar, nadando entre anacolutos.
    Saludos!

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