Historias extraordinarias: Las dos hermanas

Las dos hermanas son muy diferentes. Alicia, la mayor, es dura, desafiante, de mirada incisiva y filosa, con algo de soviética o de partisana. Mira fijo durante largos segundos, pregunta mucho, una pregunta tras otra, opina descaradamente, mira al vacío pensando, pensando y fumando. Sin embargo,  no es masculina. Está llena de energía pero no con la energía tosca y violenta de los varones. Es simplemente fuerte. Por momentos parece un ave de presa. Un águila expectante a punto de atacar. En esos momentos se vuelve hermosa, deslumbrante.

Maria Luisa es su contracara, es callada, le cuesta mirar a la cara, es torpe en el trato, es ingenua, se sonroja. Sin embargo, detrás de esa impresión inicial, María Luisa comienza a revelarse de a poco como aguda y lúcida. Una persona llena de humor, un humor que avanza de a poco pero que termina por invadirlo todo. Detrás del carácter reservado esconde una gracia que desacomoda y sorprende. Es de una belleza secreta, huidiza, tardía y repentina.

Mariano Llinás, Historias extraordinarias, Capítulo XIV:  “Las dos hermanas”, 2008.

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3 respuestas a Historias extraordinarias: Las dos hermanas

  1. Lansky dice:

    Está muy bien. Quizás, no sé, me gusta más la primera hermana: fragil y fuerte, como un guerrillero del Vietcong

  2. Muy difícil elección. Yo prefiero a la segunda: la de belleza secreta, huidiza, tardía y repentina. Y sobretodo: la del humor que termina por invadirlo todo.
    Un saludo

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