La donna angelicata: viaje hacia la nada

Es frecuente contrastar los dos grandes sonetos españoles sobre el tópico clásico del carpe diem que Garcilaso y Góngora dirigen a la donna angelicata desde el Renacimiento y el Barroco. Ambos sonetos contienen en sus dos cuartetos iniciales una descriptio puellae selectiva y fragmentaria con los elementos y atributos del ideal clásico femenino.

venus_botticelli_detail ojos

La descripción de la donna angelicata remite a una imagen cultural codificada que deja poco espacio a la imaginación, de tal manera que el único juego posible reside en lo no dicho, que genera sonoros huecos vacíos. La versión garcilasiana de este catálogo de miembros femeninos es armoniosa e impresionista, mientras que la gongorina resulta espasmódica y cubista.

venus_botticelli_detail boca

Representación renacentista garcilasiana (sin boca, sin nariz):

-la color del gesto (de rosa y azucena)

-el mirar ardiente, honesto (que enciende el corazón y lo refrena)

-el cabello (que en la vena del oro se escogió y que el viento mueve, esparce y desordena)

-el cuello (hermoso, blanco, enhiesto)

Representación barroca gongorina (sin ojos, sin nariz):

-cabello (oro bruñido)

-frente (lilio bello)

-cuello (luciente cristal)

-labio (clavel temprano)

Elementos comunes: un esbozo vacío de cuello y cabello, sin rostro, sin cabeza.

Una mujer de cuello blanco y cabellos rubios -envidiados por el sol- recorre los siglos de oro de la poesía española dividida entre el rubor juvenil, la incitación al goce y el pánico mortal. Importada de Italia, esta criatura imposible, enésimo eco del mármol de Helena de Troya, engendro de flores, ángeles, vírgenes y ninfas, viaja en wargburiano movimiento a través de dos ejes: uno vital, de la juventud a la muerte y otro artístico, de la inocencia y frescura poética a la maestría y desintegración formal.

botticelli-primavera-detalle 1482

Si Garcilaso advierte a la joven de mirar ardiente-honesto que “todo lo mudará la edad ligera por no hacer mudanza en su costumbre”, Góngora enciende una mecha dinamitera que avanza geométricamente por todo el soneto hasta la explosión semántica del último verso:

goza cuello, cabello, labio y frente,
antes que lo que fue en tu edad dorada
oro, lilio, clavel, cristal luciente,

no sólo en plata o vïola troncada
se vuelva, mas tú y ello juntamente
en tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada.

¡Por eso no tiene ojos! ¿Qué clase de mirada se asomaría a ellos? Después de este final, es difícil rescatar a la donna angelicata intacta, por más que se vuelva en bucle al primer verso mientras por competir con tu cabello.

Una respuesta a La donna angelicata: viaje hacia la nada

  1. Lansky dice:

    estas angelicatas…, les disculpa la época, pero pasa como los modistos, que idealizan a la mujer, porque las de verdad no les gustan (perdón, no viene al caso literario, aunque quizás sí)

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