Trances proustianos (via Samuel Beckett) #3

UN OLOR A CERRADO EN UNOS SERVICIOS PÚBLICOS DE LOS CAMPOS ELÍSEOS

Fue menester separarme un momento de Gilberta porque Francisca me había llamado, y tuve que acompañarla a un pabelloncito con celosías verdes, muy parecido a los antiguos fielatos del París viejo (…). De las paredes, viejas y húmedas de la entrada, en donde yo me quedé esperando a Francisca, se desprendía un fresco olor a lugar cerrado que, aliviándome de la pena que en mí despertaran las palabras de Gilberta, me llenó de un placer que no era del mismo linaje de los otros placeres, que nos alejan aún más inestables, y sin poder retenerlos ni poseerlos, sino un placer consistente en el que yo podía apoyarme, delicioso, apacible y henchido de verdad duradera, cierta e inexplicada. Yo hubiese querido, como antaño en mis paseos por el lado de Guermantes, intentar profundizar en la seducción de esa impresión que me había sobrecogido y estarme quieto interrogando aquella antigua emanación que me invitaba no ya a gozar del placer que me daba por añadidura, sino a descender hasta la realidad que en sí me ocultaba.

En busca del tiempo perdido, I. Por el camino de Swann.

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