Now it was just salt, end of the story

La infancia es el reino de la incandescencia del significado. La pérdida de este paraíso se fragua en las entrañas de nuestra percepción. Con el paso del tiempo el asombro ante el mar, la hierba, el cielo, el amor, se atenúan hasta dejarnos en última instancia indiferentes, como cuerpos que aún respiran y digieren, mantenidos por un hilo de vida.

En Una muerte en la familia, primer volumen de la autobiografía del noruego Karl Ove Knausgård, Mi lucha, el autor revisita las playas de su infancia sin poder registrar el más mínimo destello de esa incandescencia; toda sensación está barnizada de opacidad y lo que le queda no es más que una resaca del pasado. Si entonces era deslumbrante ver el agua bañando las rocas verdes, si entonces era extraordinario saborear la pureza de la sal marina impregnada en los labios, ahora esa experiencia sensorial revivida “es simplemente sal y punto”:

El mundo era igual, y sin embargo no lo era, pues su significado había sido desplazado y seguía siendo desplazado, acercándose cada vez más a la ausencia total de significado.

Winslow Homer - Shooting the Rapids

Desde que leí en verano este primer tomo de la autobiografía de Knausgård he estado resistiéndome a aceptar que esa segunda (tercera, cuarta, enésima) capa de sal en los labios esté desprovista de significado: esa es la sal en los labios que nos recuerda a la primera sal en los labios, esa es la sal en los labios que nos hace comprender lo que significa vivir y perder. Esa es la sal en los labios por la que se emprende un viaje hacia los confines de la memoria para recuperar el significado primigenio, para recuperar el tiempo perdido.

Para mantenernos verdaderamente vivos hay que lidiar grandes batallas contra la desatención y la desgana. Con el paso del tiempo la grisura y la bruma van conquistando parcelas de nuestro intelecto, formando amorfos continentes sobreentendidos y nunca más revisados, aniquilando la curiosidad y los deseos de crear.

Knausgård registra fríamente la indiferencia ante la sal marina en sus labios cuarteados por la vida y escribe más de tres mil páginas sobre esa vida. Tal vez sea esa “su lucha”: estar en pie de guerra contra la bruma, registrando y midiendo la decadencia, para lograr así que al menos tenga significado.

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