Stefan Zweig, 1940

Soy consciente de las desfavorables circunstancias absolutamente características de nuestra época bajo las que me propongo dar forma a mis recuerdos. Los escribo en medio de la guerra, los escribo en el extranjero y sin nada que asista a mi memoria. En mi habitación de hotel no tengo a mano ningún ejemplar de mis libros, ningún apunte, ninguna carta de mis amigos. En ninguna parte puedo obtener información ya que en todo el mundo el correo entre los países ha sido eliminado o está controlado por la censura. Vivimos tan separados como hace cientos de años, antes de la invención del barco de vapor, del tren, del avión o del correo. Lo único que conservo conmigo de todo mi pasado es pues, aquello que guardo en mi mente.

El mundo de ayer.

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