Que philosopher c’est apprendre à mourir (Autoayuda montaignesca)

…sepamos aguardarla a pie firme, sepamos combatirla, y para empezar a despojarla de su principal ventaja contra nosotros, sigamos el camino opuesto al ordinario; quitémosle la extrañeza, habituémonos, acostumbrémonos a ella. No pensemos en nada con más frecuencia que en la muerte; en todos los instantes tengámosla fija en la mente, y veámosla en todos los rostros; al ver tropezar un caballo, cuando se desprende una teja de lo alto, al más leve pinchazo de alfiler, digamos y redigamos constantemente, todos los instantes: «Nada me importa que sea éste el momento de mi muerte.» En medio de las fiestas y alegrías tengamos presente siempre esta idea del recuerdo de nuestra condición; no dejemos que el placer nos domine ni se apodere de nosotros hasta el punto de olvidar de cuántas suertes nuestra alegría se aproxima a la muerte y de cuan diversos modos estamos amenazados por ella. Así hacían los egipcios, que en medio de sus festines y en lo mejor de sus banquetes contemplaban un esqueleto para que sirviese de advertencia a los convidados…

Michel de Montaigne: Ensayos, 1580.

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