Zweig sobre Rilke

De entre los poetas, quizá ninguno vivió de un modo más silencioso, enigmático e invisible que Rilke.(…) Puesto que evitaba el ruido e incluso la fama (esa «suma de todos los malentendidos que se concentran alrededor de un nombre», como dijo él mismo tan bellamente en una ocasión), la ola de vanidosa curiosidad que lo acometía sólo salpicaba su nombre pero no a su persona. Rilke era un hombre muy poco accesible. No tenía casa ni dirección donde poderlo visitar, ni hogar, ni residencia fija, ni trabajo estable. Estaba siempre de camino por el mundo y nadie, ni él mismo, sabía de antemano hacia dónde se dirigía. Para su alma inmensamente sensible y susceptible a las presiones, el tomar cualquier decisión, el tener que hacer planes o contestar una notificación era una carga molesta. Por esta razón tropezar con él era siempre una pura casualidad. (…)

Al igual que el comedimiento en la conducta, también el orden, la limpieza y el silencio eran para él verdaderas necesidades físicas; tener que viajar en un tranvía lleno a rebosar o estar en un local ruidoso lo trastornaba durante horas. La vulgaridad se le antojaba insoportable y, a pesar de vivir con estrecheces, su ropa siempre era el súmmum de la pulcritud, el aseo y el buen gusto. Su indumentaria también era una obra del arte de la discreción, estudiada y meditada, pero siempre provista de una sencilla nota personal, un pequeño accesorio que le complacía en secreto, por ejemplo un pequeño brazalete de plata en la muñeca. Y es que incluso en las cosas más íntimas y personales su sentido estético buscaba la perfección y la simetría. En una ocasión lo estuve observando en su casa mientras hacía las maletas antes de un viaje (había rechazado mi ayuda, y con razón, porque soy un incompetente para esas cosas). Era como hacer un mosaico: cada pieza, engastada casi con ternura en un espacio cuidadosamente reservado; me habría parecido un sacrilegio deshacer aquel conjunto floral con mi intervención. Y este elemental sentido de la belleza lo acompañaba hasta en el detalle más insignificante; no sólo escribía sus manuscritos con cuidada caligrafía de redondilla en papel de la mejor calidad y mantenía las líneas paralelas entre sí, como trazadas con regla, sino que también para las cartas menos importantes escogía un papel selecto y su letra caligráfica, regular, pulcra y redonda casi llegaba hasta los márgenes. Nunca, ni siquiera cuando la carta era urgente, jamás se permitió tachar una palabra, sino que, cada vez que una frase o una expresión se le antojaba poco afortunada, con toda su inmensa paciencia, volvía a escribir la carta entera. De las manos de Rilke jamás salió una cosa que no fuera absolutamente perfecta.

Ese carácter a la vez mortecino y retraído cautivaba a todos los que lo conocían íntimamente. Tan imposible era imaginarse a Rilke arrebatado como que otra persona, en su presencia, no perdiera su tono chillón y arrogante a causa de las vibraciones que emanaban del silencio del poeta. Pues su actitud retraída vibraba con una fuerza moral que proseguía misteriosamente su labor educadora. Tras una larga conversación con él, uno era incapaz de cualquier vulgaridad durante horas e incluso días.

Stefan Zweig: El mundo de ayer,  1942.
(Trad. A. Orzeszek y J. Fontcuberta)

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6 Responses to Zweig sobre Rilke

  1. Es curiosa la amistad entre Zweig y Rilke.También la de Hesse y Zweig.Como el título del libro de Zweig “el mundo de ayer”.Un mundo entre dos guerras mundiales.Grandes autores del siglo XX.

  2. Miromuros dice:

    Sí, es un libro estupendo. Por allí aparece también el gran Joseph Roth (probablemente la antítesis de Rilke). En cierto modo, un espíritu de ese viejo mundo que se acababa y ese otro nuevo que se venía tiene alguna semejanza con este nuestro. A veces me siento así, prisionero del siglo XX y condenado a vivir (y asimilar) el XXI. Ayer tuve una extraña experiencia de tronos, cristos, vírgenes, bandas de música, inciencios, curas, militares, políticos, burguesía y un toque de pueblo que casi me entristeció.
    Beso

    • ¿Casi te entristeció? ¡Alabada sea tu estabilidad emocional!
      Yo también he encontrado algunos paralelismos con la actualidad en el libro de Zweig.
      Lo estoy disfrutando mucho, pese a su extraña ausencia de mujeres.

      • Miromuros dice:

        Sí, eso es tremendo, Jose (que también se lo está leyendo) y yo comentábamos eso mismo el otro día. Ni siquiera su esposa aparece (o casi). No sé cómo me sentiría leyéndolo de ser mujer.

  3. Sí, ya estuvimos hablando el otro día sobre esto Jose y yo. De hecho, fue él quien me lo hizo ver, porque yo voy un tanto anestesiada en estas cuestiones por pura supervivencia de monstruo de las galletas.
    Y desde luego que leer, ver, apreciar, valorar desde la óptica de un sujeto pensante femenino todas las manifestaciones culturales anteriores a la segunda ola del feminismo requiere mucha tolerancia contextualizadora y suspensión identitaria. Es un acto bastante fantasmal, ontológicamente hablando.
    El otro día en la película con guion de James Baldwin “I’m not your negro” me sentí muy identificada con algo que dijo sobre lo que experimentaba como sujeto negro viendo (disfrutando!) el cine de blanquitos, mutatis mutandi… machitos.
    También hay un ensayo de Susan Sontag titualdo “Loving Dostoyevsky” que analiza este tipo de contradicciones.

    A ver cuándo tal, tú.

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