Arqueologías del futuro

11 noviembre, 2011

Cuando los verdaderos fotogramas dejen de formar parte de la cultura común de los espectadores -cuando los fotogramas de Sherman parezcan meras fotografías-, entonces se necesitarán los talentos arqueológicos y explicativos de un Warburg o un Panofski, para convertir su significado en accesible.

Arthur C. Danto, Visual arts in Post-historical Perspective, University of California Press, 1992.


Bellevue

3 septiembre, 2011

En 1921 Aby Warburg ingresa en Bellevue,  el reputado sanatorio del psiquiatra Ludwig Binswanger en Kreuzlingen, en la orilla suiza del lago Constanza, como resultado de una grave crisis psicótica que brota desde 1918.

Georges Didi-Huberman hace un apasionante análisis de este período de la vida del fundador de la “ciencia sin nombre”:

Cuando llega a Bellevue el “sismógrafo” Warburg está roto en pedazos. ¿Qué es lo que lo ha roto? Un seísmo histórico de gran magnitud. No su historia individual, sino el encuentro de ésta con la historia occidental considerada en su totalidad. Es al sumergirse en la Gran Guerra cuando el sismógrafo se rompe. Warburg intentó al principio registrar todas las sacudidas: desde el principio del conflicto, en 1914, formó un archivo considerable, recortó millares de artículos, compiló noticias, trazó la evolución geográfica del seísmo humano dibujando las posiciones estratégicas y las líneas del frente, es decir, dibujando las líneas de trincheras, esos “esquizos” practicados en la tierra de Europa para tragarse a los hombres por millones.

(…) En medio de sus veinticinco mil notas sobre la guerra de las trincheras, trastornado por cada muerte humana sin saber nunca quién era el culpable y quién el inocente, Warburg se fundió con los fantasmas: dio en creer que, al haber despertado a los demonios paganos del oscurantismo -objetos de su estudio erudito sobre el Nachleben astrológico en la Alemania del siglo XVI-, él mismo era la causa de la guerra.

(…) La labor de Binswanger fue, justamente, llevar a su paciente a reencontrar, en el seno mismo de sus motivos delirantes, terroríficos o destructores -las serpientes, por ejemplo-, un núcleo de verdad alrededor del cual todo su pensamiento podía, debía, resurgir. Para ello se recurrió simultáneamente a tres medios: una “cura de opio”, un psicoanálisis freudiano y un tercer medio del que la conferencia de 1923 no fue sino la culminación: la reconstitución de un intercambio intelectual, una incitación a trabajar a pesar de todo, a  construir en la locura. (…) Warburg deliraba por la mañana, pero, por la tarde, había “reencontrado a sus espíritus” lo bastante como para ser capaz de sostener una discusión intelectual en torno a una taza de té en compañía de Binswanger y a veces hasta de un invitado como Ernst Cassirer.

Georges Didi-Huberman,  “Warburg en la clínica de Binswanger: Construcciones en la locura”, pp. 332, 335, 342, en La imagen superviviente. Historia del arte y tiempo de los fantasmas según Aby Warburg, 2002.


Psycho

11 mayo, 2011

A veces me parece que, como psicohistoriador, he intentado diagnosticar la esquizofrenia de la cultura occidental a partir de sus imágenes en un reflejo autobiográfico. La Ninfa extática (maniaca), por un lado, y el dios fluvial en duelo (depresivo), por otro.

Aby Warburg, nota del 3 de abril de 1929, citada por E. H. Gombrich en Aby Warburg. Una biografía intelectual, 1970.


Imitando las llamas

1 mayo, 2011

“Los movimientos de los cabellos, crines, ramas, hojas y vestimentas deleitan expresados en una pintura. Me gusta que los cabellos se muevan en los que llamé siete modos; así, se giran casi formando nudos, hienden el aire imitando las llamas, van ondeando unos sobre otros; unas veces hacia un lado y otras hacia otro.”

Leon Battista Alberti, De pictura, 1435.

(Via Georges Didi-Huberman, La imagen superviviente. Historia del arte y tiempo de los fantasmas según Aby Warburg, 2002.)


Quattrocento

28 abril, 2011

¿Qué hace, en El nacimiento de Venus, la Hora (o la Gracia) con su ropa al viento y su gran capa movida? Un iconógrafo atento a la storia dirá que acoge a Venus en la orilla y le tiende una vestidura para cubrir su denudez. Warburg dirá, además, que danza a la derecha del cuadro. ¿Qué hacen Céfiro y Cloris (o Aura)? Warburg dirá que, además de ser el origen de una brisa que empuja a la concha de Venus hacia la orilla, danzan enlazados, aunque sea en el aire. ¿Qué hace la propia Venus? Danza inmóvil ante nosotros, es decir, hace de su simple pose una coreografía del cuerpo expuesto.

¿Qué hacen los personajes de la Primavera? Todos danzan.

¿Qué hacen las sirvientes de Ghirlandaio en el ciclo de Santa Maria Novella, aparte de verter agua en un cántaro o traer una bandeja de frutas?

Danzan también (…)

Georges Didi-Huberman, La imagen superviviente. Historia del arte y tiempo de los fantasmas según Aby Warburg, 2002. Trad. Juan Calatrava, 2009.


La generosidad perfecta

27 abril, 2011

Y cómo gustaría ver a aquellas tres hermanas, llamadas Aglaya, Eufrósine y Talía, en el modo en que se pintaban , unidas por las manos, riendo, con telas  sueltas y transparentes, mostrando así la generosidad, que una de las hermanas da, otra recibe y la tercera devuelve, como los tres grados de la generosidad perfecta.

Leon Battista Alberti, citado por Aby Warburg en “El nacimiento de Venus” y  “La Primavera” de Sandro Botticelli. Una investigación sobre las representaciones de la Antigüedad en el primer Renacimineto italiano, 1893.