Eugène Delacroix – Dante et Virgile aux enfers, 1822

14 octubre, 2015

Eugène_Delacroix_-_The_Barque_of_Dante


Padua, 1305

21 enero, 2013

Dante Alighieri_Detalle del fresco del Paraiso en la capilla dell Bargello, Florencia, atribuido a Giotto.

Durante un rato sentada esperando imagino un encuentro entre los florentinos Giotto di Bondone y Dante Alighieri en Padua a comienzos del siglo XIV. Me entretengo en recrear la plaza, en calibrar el grado de cercanía entre ellos, en la conversación sobre algún detalle del Juicio Final, en el atuendo, en la cara de Dante, en el físico de Giotto, en los ojos de ambos, viéndose.


Cappella degli Scrovegni

9 diciembre, 2012

Detalle del Juicio Final, Giotto di Bondone - Enrico Scrovegni ofrece la capilla a las tres Marías, h. 1306

Al borde del abismo del séptimo círculo del infierno, sentados sobre arena ardiente y asediados por una lluvia de fuego, Dante condenó a los que pecaron de avaricia y usura.  Entre varios florentinos, agoniza uno de Padua que, con toda probabilidad, es el banquero y prestamista Reginaldo Scrovegni. Para expiar los pecados del padre, en el año 1300, su hijo mandó construir la Cappella degli Scrovegni, dedicada a la Virgen de la Caridad y decorada con los extraordinarios frescos de Giotto di Bondone, que inmortalizó a Enrico Scrovegni en el Juicio Final entre los salvados, en el acto de entrega de la capilla a las tres Marías.


Traidores

14 abril, 2010

En las más profundas entrañas del infierno, el noveno y último círculo, penan en cuatro esferas concéntricas aquellos sobre los que Dante echó la peor maldición: los traidores. Se trata de un oscuro pozo, “un abismo que devora a Lucifer y a Judas” con la forma de un lago helado en el que los traidores de la más variada calaña agonizan en las sepulturas de un frío glaciar.

Según la gravedad de sus traiciones, los condenados se hallan enterrados bajo el hielo a distintos niveles de profundidad, todos ellos heridos por las ráfagas de los helados vientos que levantan las seis alas de Lucifer. En el último recinto, la peor casta de traidores -aquellos que actuaron contra sus benefactores- pena completamente sumergida bajo el transparente hielo. Lucifer derrama lágrimas por los seis ojos de sus tres rostros, condenado, cual Sísifo, a triturar eternamente con los dientes de cada una de sus bocas a los tres mayores traidores de la historia: Judas, Bruto y Casio.

Gustave Dorè - Traitors

En la esfera Antenora, comparten la misma fosa el conde Ugolino della Gherardesca y el arzobispo Ruggieri degli Ubaldini, aunque Dante juzgara la traición del primero menos severamente que la del segundo: el arzobispo no sólo está condenado al frío, sino también a que el conde le roa continuamente la parte posterior de su cráneo. Cuando el poeta inquiere a Ugolino sobre su castigo, éste se limpia la sangre y los sesos de la boca con el pelo de la misma cabeza que mordisquea y relata su desventurado final a causa de la traición de Ruggieri.

Gustave Dorè - Ugolino and Ruggieri

En febrero de 1289 el arzobispo Ruggieri, en el seno de complejas intrigas de poder, traicionó a Ugolino y lo mandó encerrar con sus hijos en la Torre del Hambre, donde todos murieron por falta de alimento. Lo curioso es que en el relato que Dante pone en boca del Ugolino literario hay un verso de una gran ambigüedad. Cuenta el pisano de Gherardesca que fue encerrado en la torre con sus hijos por el traidor cuya nuca está condenado a roer y que cuando comprendió que todos iban a perecer comenzó a morderse las manos desesperado por el dolor de ver el hambre de sus hijos. Estos, sin embargo, pensando que se mordía por su propia hambre le ofrecieron al padre sus carnes -en vano- para que se las comiera y se aliviara. Pasados cinco días, Ugolino vio morir a sus hijos ante sus ojos.

Gustave Dorè - Ugolino

Ciego y asolado por un insoportable dolor, lloró entre las sombras de los cadáveres de sus vástagos durante una interminable noche. Por último, narra misteriosamente el conde, “pudo más el hambre que el dolor”.

“Poscia, piú che’l dolor, pote il digiuno.”

Y tras concluir su relato con un verso tan ambiguo, el conde Ugolino della Gherardesca torció los ojos y retornó a mordisquear como un perro el cráneo del arzobispo Ruggieri degli Ubaldini.

En “El falso problema de Ugolino”, uno de sus Nueve ensayos dantescos, Borges contrasta las diversas interpretaciones sobre el sentido de este verso. ¿Por qué esa deliberada ambigüedad que sugiere el canibalismo no demostrado de una figura histórica? Los estudiosos antiguos de la Divina Comedia interpretaron que el hambre consiguió matar a Ugolino antes de que lo hiciera su terrible dolor. Sin embargo, los comentaristas modernos leyeron en estos versos que el conde se comió la carne de los cadáveres de sus hijos antes de morir.

Borges concluye apuntando:

“¿Quiso Dante que pensáramos que Ugolino (el Ugolino de su Infierno, no el de la historia) comió la carne de sus hijos? Yo arriesgaría la respuesta: Dante no ha querido que lo pensemos, pero sí que lo sospechemos.”

Porque, añade Borges, sólo vislumbrar el canibalismo del conde es más tremendo que negarlo rotundamente o afirmarlo con certeza.


Florencia

9 abril, 2010

Godi, Fiorenza, poi che se’ sì grande,
che per mare e per terra batti l’ali,
e per lo ‘nferno tuo nome si spande!

(¡Alégrate, Florencia, pues eres tan grande,
que tu nombre vuela por mar y tierra
y en el infierno se expande!)

Dante Alighieri, Divina Comedia, “Infierno”, Canto XXVI. 1314.


Inferno

8 abril, 2010

“Lasciate ogni speranza, voi ch’intrate.”

(Abandonad toda esperanza, vosotros los que entráis.)

                                                                 Canto III, v.9

El Infierno de Dante es uno de los mayores monumentos de la imaginación humana a la ética y la estética del sufrimiento. ¡Qué imaginería nueva y qué atrevida pureza harían falta para crear un infierno contemporáneo en el que nos sirviéramos de las maldades, mezquindades, falsedades y crueldades  de tan variadas hornadas de asesinos, corruptos, mentirosos y traidores para  idear  un Infierno total en el que las cenizas de la Postmodernidad se volvieran pavesas nuevamente encendidas por el fuego! ¿Por qué hoy sería pretencioso que alguien se erigiera moralmente en juez de la Humanidad, “sublime arquitecto animado por la justicia” y se dedicara a encadenar tercetos que describieran horrendas torturas de una sobrecogedora belleza, infligidas como condena eterna a todos  aquellos que tan bien conocemos? ¿Cómo se le perdona entonces a Dante semejante atrevimiento? ¿Acaso no debería cada Edad tener su Infierno?