Muchachos en flor

22 agosto, 2016

Cogen olas con el cuerpo. Aguardan mirando hacia el horizonte, por donde ellas se generan impredeciblemente y a menudo se presentan en serie. Entonces se suben o se meten en ellas, en algún lugar anterior o posterior a la explosión de la espuma esfervescente, que los traslada como flechas hasta la orilla. Y así pasan el tiempo, cinéticos y risueños en el mar, el mar, toujours recommencée.

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L’imperfection incurable dans l’essence même du présent

4 enero, 2016

La perfección, gramaticalmente, es el aspecto de las acciones acabadas. ¿En qué momento se produjo el salto, comúnmente hablando, de la perfección como algo simplemente concluido a la perfección como algo perfectamente concluido? ¿O fue en la otra dirección, con el mito de la Creación? Lo concluido sería entonces, desde el origen, oh, perfecto.

Muchas formas verbales llevan en su nombre la marca del tiempo y la del aspecto. El pretérito imperfecto, por ejemplo, es un tiempo pasado (pretérito) cuyo aspecto es, grosso modo, inconcluso (imperfecto): “Brillaba la espuma de las olas en Balbec”.

Es con este foco gramático que retomo uno de los sintagmas más proustianos de Proust: “L’imperfection incurable dans l’essence même du présent”.

Para Proust el presente es imperfecto por definición: siempre contaminado de expectativas, uno nunca está a la altura de aprehenderlo. Está claro que no se refería a la gramática, y sin embargo, es precisamente su aspecto inacabado y durativo lo que condena “incurablemente” al momento presente a su inaprehensible imperfección.


Proust como máquina de guerra

25 enero, 2015

La obra de Proust es uno de los mejores ejemplos que conozco de máquina de guerra con efecto retardado. (…) Proust ha logrado transformar el mundo “real” en un mundo únicamente homosexual. Empieza con los grupos de jóvenes que pueblan las embajadas, arrimándolos a su jefe de fila como las damas de honor alrededor de la reina Esther en Racine; luego vienen los duques, los príncipes, los hombres casados, los criados, los chóferes y los comerciantes. Todo el mundo acaba siendo homosexual.

Hay incluso algunas lesbianas, y hasta Colette reprochó a Proust haber magnificado Gomorra. Saint-Loup, el arquetipo del hombre mujeriego elegante, acaba siendo gay.  En el último libro, cuando Proust describe el diseño de toda la obra, muestra que para él el hecho de escribir supone también producir un sujeto particular, la constitución del sujeto. De este modo, los personajes y las descripciones de ciertos momentos sirven, como si fueran capas, para construir poco a poco un sujeto que es homosexual por primera vez en la historia de la literatura.

Monique Wittig, El pensamiento heterosexual y otros ensayos. Egales, Madrid, 2006. Traducción de Javier Sáez y Paco Vidarte.


Now it was just salt, end of the story

6 diciembre, 2014

La infancia es el reino de la incandescencia del significado. La pérdida de este paraíso se fragua en las entrañas de nuestra percepción. Con el paso del tiempo el asombro ante el mar, la hierba, el cielo, el amor, se atenúan hasta dejarnos en última instancia indiferentes, como cuerpos que aún respiran y digieren, mantenidos por un hilo de vida.

En Una muerte en la familia, primer volumen de la autobiografía del noruego Karl Ove Knausgård, Mi lucha, el autor revisita las playas de su infancia sin poder registrar el más mínimo destello de esa incandescencia; toda sensación está barnizada de opacidad y lo que le queda no es más que una resaca del pasado. Si entonces era deslumbrante ver el agua bañando las rocas verdes, si entonces era extraordinario saborear la pureza de la sal marina impregnada en los labios, ahora esa experiencia sensorial revivida “es simplemente sal y punto”:

El mundo era igual, y sin embargo no lo era, pues su significado había sido desplazado y seguía siendo desplazado, acercándose cada vez más a la ausencia total de significado.

Winslow Homer - Shooting the Rapids

Desde que leí en verano este primer tomo de la autobiografía de Knausgård he estado resistiéndome a aceptar que esa segunda (tercera, cuarta, enésima) capa de sal en los labios esté desprovista de significado: esa es la sal en los labios que nos recuerda a la primera sal en los labios, esa es la sal en los labios que nos hace comprender lo que significa vivir y perder. Esa es la sal en los labios por la que se emprende un viaje hacia los confines de la memoria para recuperar el significado primigenio, para recuperar el tiempo perdido.

Para mantenernos verdaderamente vivos hay que lidiar grandes batallas contra la desatención y la desgana. Con el paso del tiempo la grisura y la bruma van conquistando parcelas de nuestro intelecto, formando amorfos continentes sobreentendidos y nunca más revisados, aniquilando la curiosidad y los deseos de crear.

Knausgård registra fríamente la indiferencia ante la sal marina en sus labios cuarteados por la vida y escribe más de tres mil páginas sobre esa vida. Tal vez sea esa “su lucha”: estar en pie de guerra contra la bruma, registrando y midiendo la decadencia, para lograr así que al menos tenga significado.


Trances proustianos (via Samuel Beckett) #4

8 marzo, 2014

LOS TRES ÁRBOLES AVISTADOS CERCA DE BALBEC DESDE EL CARRUAJE DE MADAME DE VILLEPARISIS

Vi cómo se alejaban los árboles, agitando desesperadamente sus brazos, cual si me dijeran: “Lo que tú no aprendas hoy de nosotros nunca lo podrás saber. Si nos dejas caer otra vez en el camino ese desde cuyo fondo queríamos izarnos a tu altura, toda una parte de ti mismo que nosotros te llevábamos volverá por siempre a la nada.” Y, en efecto, aunque más adelante encontré otra vez esa clase de placer y de inquietud que acababa de sentir, y una noche me entregué a él -tarde, sí, pero para siempre-, ello es que nunca supe lo que querían traerme esos árboles ni dónde los había visto. Y cuando el coche cambió de dirección, les volví la espalda  y dejé de verlos, mientras que la señora de Villeparisis me preguntaba por qué estaba tan preocupado; me sentía tan triste como si acabara de morírseme un amigo, de morirme yo mismo, de renegar a un muerto o a un Dios.

En busca del tiempo perdido, II. A la sombra de las muchachas en flor.


Trances proustianos (via Samuel Beckett) #3

17 diciembre, 2013

UN OLOR A CERRADO EN UNOS SERVICIOS PÚBLICOS DE LOS CAMPOS ELÍSEOS

Fue menester separarme un momento de Gilberta porque Francisca me había llamado, y tuve que acompañarla a un pabelloncito con celosías verdes, muy parecido a los antiguos fielatos del París viejo (…). De las paredes, viejas y húmedas de la entrada, en donde yo me quedé esperando a Francisca, se desprendía un fresco olor a lugar cerrado que, aliviándome de la pena que en mí despertaran las palabras de Gilberta, me llenó de un placer que no era del mismo linaje de los otros placeres, que nos alejan aún más inestables, y sin poder retenerlos ni poseerlos, sino un placer consistente en el que yo podía apoyarme, delicioso, apacible y henchido de verdad duradera, cierta e inexplicada. Yo hubiese querido, como antaño en mis paseos por el lado de Guermantes, intentar profundizar en la seducción de esa impresión que me había sobrecogido y estarme quieto interrogando aquella antigua emanación que me invitaba no ya a gozar del placer que me daba por añadidura, sino a descender hasta la realidad que en sí me ocultaba.

En busca del tiempo perdido, I. Por el camino de Swann.


El antiProust

9 diciembre, 2013

Stephane Heuet  A la recherche du temps perdu